Treinta y tantos, gallego, discapacitado y homosexual. Dice mi madre que “quien no me conozca que me compre“, y debo admitir que algo de razón sí tiene. No puedo vivir sin música -o la escucho o canto yo mismo-, sin leer, sobre todo sin escribir, y sin hablar durante horas de nada en particular con alguno de mis amigos. Tengo muy claro qué ruta quiero que tome mi vida y a quién quiero de compañía en ese camino.
Recientemente he aprendido que la gente tiene mucho tiempo libre y grandes nubarrones de amargura sobre sus cabezas, que no pueden o no quieren solucionar. A esa gente les recomiendo que acudan al psicólogo para que les ayude a rellenar sus miserables y huecas vidas. Yo, mientras tanto, escribiré en mi blog.
